Edición N° 274 - 5

Los tesoros del archivo de La Voz del Pueblo

Los tesoros del archivo de La Voz del Pueblo

   Escribe: Prof. Federico Antoniasi Dejamos por un rato las referencias a las múltiples consignas ciudadanas que levantó como banderas propias la edición del periódico a lo largo de más de un siglo. No vamos a hablar de las grandes obras públicas que se exigieron una y otra vez hasta ser una concreción; tampoco de

 

 Escribe: Prof. Federico Antoniasi

Dejamos por un rato las referencias a las múltiples consignas ciudadanas que levantó como banderas propias la edición del periódico a lo largo de más de un siglo.

No vamos a hablar de las grandes obras públicas que se exigieron una y otra vez hasta ser una concreción; tampoco de los auspicios, felicitaciones o augurios a todas aquellas campañas o emprendimientos municipales o de particulares, que derivaron en un mejoramiento de la vida general.

De eso hay mucho y mucho ya se ha hablado y publicado. Basta revisar los distintos ejemplares para notar los temas recurrentes, la atención puesta al servicio de los más importantes intereses públicos.

La pregunta vital aquí es otra: ¿Cuánto de Casilda no sabríamos, o habríamos perdido u olvidado, si no existiera la colección –patrimonio de la ciudad- de La Voz del Pueblo?. Buceamos en busca de pequeños tesoros. Relatos que la trama del archivo nos ha permitido recabar y resguardar para generaciones venideras.

Para empezar, artistas de una Casilda en ebullición. En uno de los primeros números conservados, de 1923, encontramos la noticia de la partida rumbo a Cañada de Gómez, de un músico ciego que tocaba el piano en las veladas nocturnas del bar Central de los hermanos Canoso. También sabemos de las visitas que un ya reconocido Agustín Magaldi realizaba a la casa de uno de sus mentores, el Escribano Agustín Medina -que fuera Concejal e Intendente de la ciudad-, cada vez que debía actuar en su ciudad. Y a su vez, entrevemos que el mismo Medina intervenía como un gran promotor de jóvenes valores artísticos, en tertulias que realizaba junto a su esposa en su propio domicilio y que los asistentes del periódico cubrían atentamente.

Lo mismo pasa en lo referente a la vida educativa, plagada de pequeños datos sugestivos que se nos hubiesen volado del tiempo. Escuelas que desaparecieron, prácticas que nos resultan llamativas, jóvenes que soñaron profesiones y cumplieron sus metas. Para muestra basta un botón: una niña de 10 años, Rosita Vera, felicitada en 1934 como flamante profesora de corte y confección, con notas sobresalientes. ¡Cuántas historias para contar otra Historia de Casilda!

Los clubes. Sería imposible enumerar la cantidad de clubes o cuadros barriales y rurales que conocemos gracias a las crónicas del periódico, que detallaban fundaciones, partidos y formaciones que son fundamentales para recuperar algo de la memoria de esas instituciones desaparecidas. Por ejemplo, pudimos conocer la existencia de un club de ferroviarios una década antes de la gestación del conocido Club Atlético Ferroviarios, que nació en 1946. O fisgonear en la aparición de entidades que evidentemente tuvieron vida efímera, como Club Cortada Falucho, Avellaneda, Las Delicias, Fournier, por citar solamente algunos de la década de 1940. Y por qué no aventurarnos en los bailes que en la misma época supo organizar el Racing de Desmochados, en momentos mismos en los que en aquel legendario paraje se llegó a elegir a Miss Desmochados. Para recalar luego en todos los usos deportivos que tuvieron nuestras plazas y parques, que fueron muchos más que lo mostrado por la tradición y los recuerdos que han quedado guardados.

Básculas Latorre recorte de 1947

¡Y el inmenso impulso del deporte por numerosos particulares, apasionados de lo suyo!. El archivo del periódico nos permite recrear el momento en que desde Capital Federal vinieron a filmar a Rubén Giavarini -y de paso tomar vistas de Casilda- que iba tras su sueño de romper récords. Y descubrir que, tras un primer intento que estuvo cerca, poco tiempo después obtuvo el título mundial de permanencia sobre patines, dejando en alto el nombre de la ciudad.

Historias de casildenses emprendedores. Como aquella inmensa caravana presidida por la banda del pueblo, para recibir al automóvil Ford Nº 100.000 que llegaba a la concesionaria de Víctor Manuel en los inicios de 1925. O el avance de las obras de la primera construcción que tuvo Casilda hecha sobre base de hormigón armado, en los años treinta, propiedad de la familia Cittadini y aún hoy en pie. ¿Cómo dejaría de llamarnos la atención la existencia de una fábrica de aviones en nuestra localidad, administrada por el piloto y amante de la aviación Delio Lottici (1947)?

Ese mismo periódico que nos permite, indirectamente, participar en destaca-dísimos homenajes, que unen a Casilda con una historia mayor, como los que se realizaron al único casildense que intervino en la Guerra al Paraguay, Juan de Dios Barrera o al lamentado joven Juan Carlos Abbate, fallecido durante las jornadas de la Revolución del 4 de junio de 1943 que derrocó al Presidente Ramón Castillo.

Elegimos abrir páginas al azar y, prácticamente, en cada una de ellas surge una perla cultivada. Tomamos algunos artículos de manera aleatoria, simplemente como invitación a hojear, descubrir y deleitarse con historias de Casilda que, en los fondos de este hermoso proyecto más que centenario, nos esperan para ser difundidas y degustadas.

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