Una historia de carnaval.
Desde su primer número en 1921, las páginas de La Voz del Pueblo han estado vinculadas directamente a la historia de nuestra ciudad. Sus notas vieron nacer infinidad de obras y servicios públicos, gran cantidad de instituciones e inclusive familias y habitantes de Casilda. También, como es de suponer, vio desaparecer a muchas de esas entidades que con el correr del tiempo dejaron de cumplir su misión y anunciaron la partida de muchos grupos familiares que por distintos motivos dejaron la localidad y gran cantidad de vecinos que aportaron su esfuerzo diario y dejaron esta vida, quedando guardados en la memoria del periódico.
Hay un caso emblemático: el de los carnavales. La Voz nos da a conocer, año tras año, las grandes transformaciones que sufrió esta verdadera fiesta del pueblo. En su Álbum de 1932 podemos conocer una visión de los carnavales de antaño y de los viejos asaltos carnavalescos de la época en que Casilda era declarada ciudad. En la década de 1920, con los primeros sueltos, conocemos la organización de las fiestas, cuando la Municipalidad de Casilda designaba a los miembros de la Comisión de Festejos Públicos o de Carnaval, por lo general vecinos que dirigían importantes instituciones de la ciudad. Éstos, a su vez, nombraban las Comisiones de Damas y Señoritas que daban realce al programa de festejos.
Recorriendo las décadas de 1930 y 1940, observamos el momento en que los clubes tomaron las riendas de los festejos, aprobando la Municipalidad sus preparativos. Alumni y Aprendices Casildenses dieron forma a los clásicos festejos de carnaval con su rutina que fue haciéndose habitual: corso infantil, corsos nocturnos con su respectiva premiación y bailes de disfraz y fantasía y de Mi Carème para cerrar el círculo, por lo general en la emblemática sala del Teatro Casado. La crónica nos habla además de los tradicionales bailes del Social y Círculo Deportivo para celebrar la misma fecha.
Con el advenimiento de la segunda mitad de la década de 1950, tras los fastuosos festejos del Cincuentenario de la ciudad, fue la Asociación de Amigos de la Calle Buenos Aires la que condujo el programa, suplantada más tarde por la Asociación Cooperadora del Hospital “San Carlos”, siempre con la colaboración de alguna entidades como Cámara Junior, Banda de Música Municipal o Club Juventud Unida, por citar algunos.
Este fue el tiempo de las grandes carrozas preparadas por las empresas y sus operarios, o por los clubes y sus asociados, o las escuelas y sus jóvenes alumnos. La reseña en estos casos era absolutamente detallada, señalando cada disfraz, cada conjunto artístico y los pormenores de los corsos y bailes. Era obligatorio indicar con bombos y platillos a cada merecedor de premios y menciones especiales.
Más adelante, el periódico acompañó los últimos compases, dados nuevamente por los clubes, especialmente Unión Casildense y Aprendices Casildenses, con el auspicio municipal. Siempre junto a lo que la gente consideraba importante y parte de su vida diaria.
No era simplemente, en la pluma de los editores de La Voz, hacer la síntesis de una fiesta más: cada año que pasaba, tomaron el Carnaval en su verdadera dimensión, la de una fiesta que engalanaba Casilda y reunía a su gente. Cuando los preparativos se retrasaban, el periódico ejecutaba su crítica; cuando el programa no hacía el homenaje debido a Momo, pedía un esfuerzo más; cuando el éxito coronaba la organización, celebraba entusiastamente junto a su Pueblo.
Hoy corren otros tiempos. Las luces se fueron apagando. No obstante, al abrir las páginas de este archivo que es nuestro gran tesoro, las Voces del Carnaval vuelven a sonar con el estruendo de su bullicio y alegría, para recordarnos una ciudad que nunca renunció a vestirse de Fiesta con sus mejores Galas.
Prof. Federico Antoniasi





