Edición N° 102 -

Existir sin Pertenecer

Existir sin Pertenecer

El título es un llamado a la reflexión, aunque resulte más cómodo recibir ideas y pensamientos que provengan de otros, de los medios, de los ideólogos, o de quienes nos inducen al consumo. Esa comodidad de “no pensar” nos empobrece. Es por eso que vale la pena pensar sobre una realidad abrumadora y dolorosa, que 

El título es un llamado a la reflexión, aunque resulte más cómodo recibir ideas y pensamientos que provengan de otros, de los medios, de los ideólogos, o de quienes nos inducen al consumo. Esa comodidad de “no pensar” nos empobrece. Es por eso que vale la pena pensar sobre una realidad abrumadora y dolorosa, que  es existir sin pertenecer. Son los que se sienten como cuerpos extraños en una sociedad que los ignora, por ser diferentes, pobres, discapacitados, ancianos,  sin afectos, sin familias acogedoras, sin amistades.

La sensación de existir sin pertenecer, se acentúa cuando predomina el individualismo egoísta que nos hace olvidar que existe un “otro”, distinto al “yo”, pero que tiene los mismos derechos y necesidades. Esa sensación se ha agravado por la pandemia, que nos ha aislado o distanciado, a tal punto que cuando nos cruzamos en la calle, ni nos miramos, como si fuésemos a contagiarnos de algo.

Se percibe una cierta falta de “amistad social” que es necesario nos propongamos revertir. Tenemos que erradicar la concepción de que somos algo o un ”don nadie”, para resaltar la realidad de que somos “alguien”, con dignidad propia., dignidad que no se fundamenta en las circunstancias sino en el valor de su ser. Somos “personas” únicas e irrepetibles.

El futuro no debe ser monocromático sino integrador, pues las diferencias son enriquecedoras. Proponernos vivir juntos en armonía y paz, sin necesidad de ser igualitos. No podemos olvidar que el individualismo no nos hace más libres, más iguales ni más hermanos. Al contrario: la fraternidad alimenta la igualdad y la libertad.

Por lo tanto, debería existir una “educación para la fraternidad”, desde el hogar, las escuelas, los gobiernos y las instituciones. Comenzando por cosas tan simples como atender afablemente al cliente, al paciente, y apelar al uso más frecuente de términos como: permiso, perdón, etc.

No es lo mismo ser “socios” que “prójimos”. Si nos sentimos socios, nos cerramos en grupos más o menos selectos, discriminamos y excluimos. Si vemos al otro como prójimo, la cosa cambia: es alguien. Y puede surgir el respeto, la comprensión, la solidaridad, la empatía.  El Bien Común no se construye con la suma de individualismos, sino con la apertura mental y grupal.

En síntesis, hay mucho para pensar y mucho para corregir. La adversidad que estamos viviendo debe convertirse en oportunidad para desenterrar valores  incuestionables. Estrechando filas, aunque parezca utópico, podremos superar nuestro pesimismo y vislumbrar un futuro mejor, que no siempre estaría dado por un mayor bienestar económico, sino en la mejora de las relaciones, redescubriendo el valor de cada ser humano, que en definitiva es nuestro hermano.

           Ricardo J. Arnoldi
          Rotary Club Casilda

 

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