Edición N° 105 -

EL ENGAÑO DEL “TODO ESTA MAL” por Ricardo Arnoldi

EL ENGAÑO DEL “TODO ESTA MAL” por Ricardo Arnoldi

EL ENGAÑO DEL “TODO ESTA MAL” Es recurrente la frase o comentario cotidiano que muchos formulamos cuando escuchamos o vemos una noticia sobre los acontecimientos económicos, políticos, accidentes, delitos contra las personas o propiedades. Estamos como impregnados de pesimismo, angustias, incertidumbres, desilusiones, influenciados por una crisis global debido a la pandemia, catástrofes o por la

EL ENGAÑO DEL “TODO ESTA MAL”

Es recurrente la frase o comentario cotidiano que muchos formulamos cuando escuchamos o vemos una noticia sobre los acontecimientos económicos, políticos, accidentes, delitos contra las personas o propiedades.

Estamos como impregnados de pesimismo, angustias, incertidumbres, desilusiones, influenciados por una crisis global debido a la pandemia, catástrofes o por la decadencia moral que en este momento histórico nos toca vivir, y todo eso, agregado a nuestras limitaciones humanas, nos hace decir, casi sin pensarlo: “Todo está mal”, “esto no tiene remedio”, “vamos de mal en peor”, y expresiones emparentadas. Esos razonamientos nos llevan a “tirar la toalla” y a no hacer nada.  Esperamos que surja algún salvador, o un acontecimiento resonante que nos saque de esta situación. Y así se nos escapa el tiempo y la vida misma.

Es bueno que pensemos más en ser “actores” y “protagonistas” en lugar de “espectadores pasivos”. Debemos dejar de lado la comodidad de no pensar ni actuar, y más aún, tenemos la obligación de asumir “responsabilidades”. Sabemos que somos un granito de arena, pero no por eso podemos evadirnos de la responsabilidad. Todos tenemos algo que aportar: en la familia, en la educación de los hijos, en el trabajo, en el servicio, con la palabra, con la mirada, con la sonrisa, con la oración, con el amor, con la presencia. Hay que desterrar la idea de que los adultos muy mayores y los niños son improductivos. Nuestra dignidad humana va mucho más allá del utilitarismo.

Lo primero, creo, es revertir nuestra forma de pensar. Redescubrir el sentido de la vida, y tener grandeza de espíritu. Cuando hagamos este primer paso, hay que compartirlo en todas las formas posibles. Todos hacemos la historia. Todos tenemos dones, talentos, habilidades o atributos. Si no pensamos y actuamos, otros lucrarán con nuestra pasividad, y nos arrastrarán como hojas al viento hacia el consumo de ideas o cosas para provecho de ellos.  La cultura de la indiferencia es un virus muy dañino. No podemos seguir mirando para otro lado cuando vemos necesidades, abusos e injusticias. Pero no podemos hacerlo solos. No es necesario recurrir a la violencia, siempre en paz y recordando que somos hermanos, como lo expresa la Encíclica “Fratelli Tutti”. Al reflotar la idea de fraternidad, surge espontáneamente la necesidad de asumir la responsabilidad individual y social. Y esto abarca a todos, sin distinción de raza, credo, sexo o nacionalidad.

En lugar de decir: “todo está mal”, debemos decir con fuerza y optimismo: “hay mucho por hacer”. En eso consiste la vida.

Ricardo J. Arnoldi – Rotary Club Casilda.

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