Edición N° 87 -

Ayer nomás, 150 años de Colonia Candelaria.

Ayer nomás, 150 años de Colonia Candelaria.

por Hugo Miori y Federico Antoniasi. Museo y Archivo Histórico Municipal “Don Santos Tosticarelli”. La pampa se deja resbalar hacia el río Carcarañá, solo alterada por leves ondulaciones y por las huellas dejadas por peludos, venados y pumas en la inmensidad del pastizal. La tierra se siente independiente aunque en lejanas escribanías haya quienes se

por Hugo Miori y Federico Antoniasi.

Museo y Archivo Histórico Municipal “Don Santos Tosticarelli”.

La pampa se deja resbalar hacia el río Carcarañá, solo alterada por leves ondulaciones y por las huellas dejadas por peludos, venados y pumas en la inmensidad del pastizal. La tierra se siente independiente aunque en lejanas escribanías haya quienes se consideran sus dueños. Estancias inmensas reparten estas latitudes. Desperdigados en ese vasto territorio, pequeños rancheríos dan testimonio de las ansias del hombre por marcar su presencia. Como pueden, grandes carretas tiradas por caballos o bueyes recorren la indómita geografía. Para esto es necesario contar con sitios que permitan una noche más o menos segura en la inconmensurable llanura. Esa función la cumplen las postas. Otro bastión del hombre frente a la arisca naturaleza. Las postas eran pequeñas ranchadas donde los viajeros podían comer, pasar la noche cobijados y hacer descansar o recambiar sus animales. Promediando el siglo XIX, la estancia puede ser “Los Desmochados”, el caserío “La Penca” o la “Tapera del Valenciano” y las postas las de la Candelaria o Gallegos.

Corre el año 1865 y el futuro comienza a acelerarse. En el solitario casco de la estancia ahora bautizada Santa Casilda se reúnen Carlos Casado y el apoderado de Mariano Grandoli. El primero había liquidado su banco emisor de billetes y buscaba invertir en tierras. El dueño de la estancia pasaba serias dificultades de salud mental y se había decidido la venta de sus tierras, obtenidas por el joven empresario español. Se firma la escritura respectiva y se espera que el plazo del arriendo a que estaban entregados los terrenos venza, para dar inicio a un proyecto largamente preparado.

Así llegamos a 1870. Ahora sí, el paisaje comienza a transformarse en rápidos movimientos. En noviembre empiezan los trabajos para organizar lo que será la Colonia Candelaria. La epidemia de fiebre amarilla que se vivió como consecuencia de la guerra del Paraguay, paralizó la llegada de pobladores al incipiente emporio agrícola durante gran parte de 1871. No obstante, en abril de ese año la Colonia cuenta con 96 personas, de familias inglesas, francesas y españolas. Al año siguiente todo se reencauza y la población llega a 332 personas, sumándose familias italianas, suizas, alemanas, belgas y argentinas. De 374 lotes, se habían entregado, ya sea vendidos al contado (la quinta parte), a plazos (145) o en arriendo (132) un total de 324 concesiones. Entre fines de 1873 y comienzos de 1874 comienza a esbozarse el núcleo urbano que poco a poco se convertirá en la Villa Santa Casilda y luego en la ciudad. En 1877 eran 250 las familias que poblaban la Colonia y 5000 las cuadras de trigo sembradas que generarían al año siguiente, la primera exportación de trigo argentino a Europa.

Apenas unos años más tarde, en 1883, el Ferrocarril Oeste Santafesino recorría por primera vez la pampa para instalarse en ella y hacerse cada vez más cotidiano. La cerril geografía se fue transformando y hoy no se la reconoce, trocada en campos cultivados, rutas, vías y trazados urbanos.  Sin embargo, como se señaló, esta mutación, en este lugar, tuvo un comienzo y ese fue la creación de Colonia Candelaria hace ya un siglo y medio.

Si bien no podemos justificar el desarrollo de los procesos históricos en pequeños hechos parciales, son estos hechos los que le dan forma a esos procesos. ¿Las transformaciones económicas, sociales y urbanísticas se hubieran dado igual sin la creación de Colonia Candelaria? Seguramente. Pero también es cierto que la historia se construye a partir de las acciones puntuales o específicas y lo cierto es que aquí, en este lugar que llamamos nuestro, una nueva etapa comenzó a definirse cuando un empresario español de nombre Carlos Casado y un grupo de agricultores de diversas nacionalidades, fundó la Colonia Candelaria hace 150 años.

En su momento, intelectuales, funcionarios públicos, inspectores, viajeros y visitantes definieron a la Candelaria como un modelo de organización, como la colonia más próspera del país. Su consolidación y crecimiento fueron temas de debate en los grandes escenarios de la política y la intelectualidad a nivel nacional: el Congreso, la prensa, los textos e informes de la época consideraban a Candelaria y su Villa Casilda como una de las bases del desarrollo material y social de la Argentina. Es por ello que la conmemoración del Sesquicentenario debe instalar a Casilda nuevamente en la dimensión nacional y provincial que supo conquistar. Es nuestra tarea que el país conozca la impronta que han dejado Candelaria y Casilda en todo este tiempo. Esperamos que las instituciones públicas y privadas de la localidad sumen sus propuestas e iniciativas, para que un acontecimiento tan decisivo y tan fundamental en la construcción de la identidad casildense, tenga el homenaje que se merece. Que es también el reconocimiento de tantos hombres y mujeres que han trabajado para que aquel proyecto social y urbano de 1870 perdure en el tiempo, prospere y ampare tantas historias individuales y familiares que todavía siguen tomando forma y al hacerlo definen el ritmo cotidiano y el porvenir de la ciudad.

 

 

 

 

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